Sólo una gran poeta como lo fue Enriqueta Ochoa pudo lograr que en sus luminosos versos las aguas del misticismo y del erotismo confluyeran en una sola corriente lírica y que, como ella misma dijo, “en mis manos las palabras se convierten en piedras preciosas”; entonces en sus manos el espíritu del amor sagrado y el del amor profano se engastan en una revelación poética que nos trae, además, el brillo más profundo de lo que es la sensibilidad femenina cuando trasciende desde la intimidad, como ocurrió con Santa Teresa de Jesús y Emily Dickinson. María de los Ángeles Manzano, la autora de este interesante estudio sobre la poeta coahuilense, nos invita a conocer los secretos de cómo a Enriqueta Ochoa le fue posible encontrar a Dios en la poesía y a la poesía en Dios, experiencia que muy pocos llegan a conocer.